Si bien, desde niña el amor por las tradiciones del medio oriente era parte de ella, la decisión de dedicarse a enseñar fue poco a poco. “Es verdad cuando dicen ‘lo lleva en la sangre’, porque mientras estudiaba intérprete en danza tuve la oportunidad de pertenecer a un ballet de danza árabe y fue así como comencé a interiorizarme más en la técnica de sus particulares movimientos y hasta el día de hoy sigo en constante perfeccionamiento”.
Sin duda, en Chile aún el vivir de la danza o el arte en general es un tema cuestionado y temido. El riesgo de esta aventura –a juicio de la bailarina- se supera con la pasión que se ponga en las cosas que se hacen. “Es verdad que esto es un riesgo, pero cuando uno decide estudiar danza lo hace simplemente por amor al arte y en el caso de la danza árabe, a uno la mueve la pasión por ésta. Se puede vivir de la danza, pero depende de la energía que uno le ponga para tratar de ser el mejor en un medio muy competitivo y sí se puede complementar con otra actividad más lucrativa, ideal. En mi caso tengo una productora de eventos donde hacemos fiestas con toda la temática árabe: comida, decoración, bailarinas, etcétera.”, señaló.
Quienes se acercan a esta danza encuentran una actividad completa que les enseña desde mejorar la postura hasta convertirse en un excelente ejercicio corporal. “Es una danza especial, un ejercicio corporal completo, donde cuerpo y alma se complementan. A diferencia de otros bailes, éste requiere de mucha concentración para poder conectar la mente con cada músculo de manera independiente”, expresó.
Dada las características propias de esta apasionada danza, los beneficios para quienes la practican son tanto físicos como mentales, convirtiéndose en una excelente terapia en casos de stress, baja autoestima o depresión. Yasmine agregó que “dentro de los beneficios físicos destaca el trabajar al máximo el abdomen, tonificándolo por lo que es muy buena como ejercicio post parto. También he tenido la enriquecedora experiencia de apoyar el tratamiento de rehabilitación en un caso de parálisis, ocasionada por un accidente vascular, con increíbles resultados”.
Para la profesora de danza árabe, Yasmine Lasen este baile no tiene límites, por lo que todas las personas están capacitadas para incursionar en él, sin importar sus características físicas ni su edad. “Lo rico es que esta danza no tiene edad, peso o talla para iniciarse. Tengo alumnas entre 7 y 60 años .Lo único necesario es tener ganas de aprender y poco a poco se irán sintiendo cautivas por todo lo positivo que entrega”
Las cursos están separados por niveles: una para niñas entre 7 y11 años, otro de 12a 15 años y los niveles básico e intermedio para adultas. “Todas las mujeres tenemos dentro una artista, sólo hay que darle la oportunidad de aparecer”. |